sábado, 20 de agosto de 2011

HALADO DE LOS PELOS


No había pasado ni una semana desde que entregué mi columna anterior y ya la editora
me estaba pidiendo la nueva. Esto de que la revista pasó de ser bimestral a mensual me tiene con el cerebro adolorido. Si uno escribiera única y exclusivamente de política, de problemática social o de farándula, siempre habría algún temita trillado del que agarrarse, pero para eso están los diarios y no muchos te dejan abordarlos como te dé la gana. ¡De qué coño escribo! Ni modo... hablaré del coño mismo.

Viendo una de mis películas favoritas, pensaba en las francecitas aristócratas del Siglo 16. Faldas sobre faldas, peticotes sobre peticotes, medias sobre calzones y finalmente una mata frondosa de vellos cubriéndoles la entrepierna. Pensando en los calores secos del verano parisino y en el hipócrita baño francés, pude imaginarme los suculentos aromas de aquella sociedad a la hora de intimar, sobre todo con lo libertina que podía ser la burguesía en aquellas épocas. Qué manera de deleitarse la de aquellos tiempos entre tanta majestuosidad artística y de vestuario, hoy fetiche preferido de algunos para darle un sabor renacentista a su rito sexual que por lo general cubre del menage a trois en adelante.

Es curioso cómo los hábitos de estética púbica han ido cambiando en las últimas tres décadas más rápido que nunca y cómo dichas costumbres han marcado los nuevos estándares de efervescencia hormonal en nuestra sociedad. Aquello que nos encendía en nuestra temprana adolescencia hoy podría pasmar de salida a cualquier quinceañero. Repasemos dicha evolución
afro-disiaca, recordando algunas películas clásicas que veíamos a escondidas, en la tranquilidad del Betamax: Deep Throat, Debbie Does Dallas, Taboo con la naturalmente voluptuosa Kay Parker, The Devil in Mrs. Jones con la latinaza Vanessa del Río, entre otras, en las cuales lo que sobraba era el vello corporal, bigotes de brocha, patillas y melenas alborotadas, haciendo juego perfecto con aquellos Triángulos de las Bermudas femeninos, frotándose como pedazos de velcro al ritmo del disco-funk. La verdad es que el cine porno vintage tenía su encanto para quienes nos ultrajó en pleno crecimiento.

Luego, la moda achicó el bikini… y pretendiendo mostrar más públicamente, hubo que mostrar menos púbicamente. La rasuradora eléctrica se convirtió en fiel amiga de los fines de semana en la playa, para que por esos bordes de la tanga no se escapara ni un pelito del apretado motete. Eran tiempos de la inolvidable Gynger Lynn, de Tracy Lords y de la jovencita Savannah, iconos de la autosatisfacción ochentera.

Los lagartos industriales y del mercadeo no tuvieron ni un pelo de tontos y nuevos productos y técnicas aparecieron para venderse por montón. La rasuradora, la hedionda crema depilatoria, la cera y el láser se convirtieron en las armas favoritas de todas para estilos personalizados: desde una alfrombrita perfectamente podada…una delgada línea trazada con precisión… hasta la lisura del calungo brasileño el cual se atrevió a tocar áreas nunca antes exploradas, para que pudieran lucirnos cómodamente nuestro tan adorado hilo dental. Gala del mismo supo hacer Jeannine Lindemulder, la genia oriental Asia Carrera y la reconocidísima Jenna Jameson.

Un buen día es difundido el video de Pamela Anderson y Tommy Lee gozando en su yate y aunque lo que predominaba era el bolillo del baterista, la rubia de Baywatch también nos marcó con su lisura. Entrando el nuevo siglo, parecer menor de edad detrás del zipper era la norma pero mientras pensaban que rasurarse mejoraba la higiene, los expertos reiteran que, como en otras partes, los pelos nos protegen de las amenazas microscópicas de la humedad y la ropa, las cuales pueden causar peores olores que andando “bushy”. Encima, aplicarse perfumes cual tercer sobaco, puede también ocasionar fuertes infecciones. Igual hay a quienes nunca les importó pasar de peludas a peladas. Que lo diga Briana Banks, la exótica Jewel d’Nyle, la inescrupulosa Belladona, la extremamente precoz Sasha Grey o nuestra lolita zonian, portada de Hustler y primera panameña en videos para adultos, Casey Parker.

Ya son tres décadas de vertiginosa pelafustanería que nos ha enseñado a manejar las tendencias de la vieja escuela, así como esos looks de tierna pre-púber. Lo cierto es que ya cruzamos el 2010 y al parecer, con tanta metrosexualidad de ejemplo, habrá que volverse maniquí para mantener el nivel de atracción y estímulo estándar. Sea como sea, somos afortunados de haber nacido en una cultura tropicaliente, donde las mujeres tienen la libertad de mostrarnos sus dotes hasta donde nos quieran deleitar, sin tanto miedo de recibir algún castigo que no les resulte placentero.

“No pudiste tocar otro tema?” No. Al símbolo de la feminidad siempre hay que darle su justa importancia. Sin esta brecha tan intrigantemente carnosa, no estaríamos aquí y nuestra vida jamás sería lo mismo. Bien supo enaltecerla Pedrito Altamiranda en su éxito “La Tutú” de 1985, en el que describía con un son pegajozo las miles de formas de llamarle. 
Como queramos describirla, ojalá  nos siga inspirando con su variedad de cortes y que nunca le sofoque tanto el humor para apreciarla y darle el amor que se merece.





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