Aunque suelo llevarme bien con gente de distinto perfil, en ocasiones puedo caer en la categoría de inadaptado social y hasta de misántropo debido a algunas particularidades de nuestra cultura y sociedad con las cuales no termino de comulgar, ni de identificarme. Supongo que a todos nos pasa en mayor o menor grado y cada quien tendrá sus motivos para ponerse odioso y come-mierda de vez en cuando. Lo que para algunos será insignificante para otros puede ser todo un dilema, así como habrá cosas admirables para algunos que para otros no valdrán ni un cuara. En fin. Hace rato que no andaba amargado así que supongo que ya me tocaba.
Después de años de haberme resistido a seguir perdiendo mi valioso tiempo de parranda en ciertos clubes de la localidad, decidí regresar con unas amistades a ver si volvía a tener un momento alegre y entretenido, como miles de veces lo tuve en la vida social nocturna
chapot-tropicalosa de nuestra capital. Efectivamente. Todo estaba de maravilla bajo los efectos del vodka, sacándome con toda facilidad mi naturaleza amiguera y lo que llevaba de dinero.
Muy buen ambiente, buen servicio, la gente la estaba pasando bien. Al menos no me producían esa inquietud paranoica que los molotes de desconocidos pueden generar en uno. Ni el más ensordecedor de los merengazos ni el más chabacano de los reguetones me perturbaba esa noche.
chapot-tropicalosa de nuestra capital. Efectivamente. Todo estaba de maravilla bajo los efectos del vodka, sacándome con toda facilidad mi naturaleza amiguera y lo que llevaba de dinero.
Muy buen ambiente, buen servicio, la gente la estaba pasando bien. Al menos no me producían esa inquietud paranoica que los molotes de desconocidos pueden generar en uno. Ni el más ensordecedor de los merengazos ni el más chabacano de los reguetones me perturbaba esa noche.
Fue hasta que al Dj se le ocurrió soltar su respectiva tanda de rock-pop que una nube negra se posicionó sobre mi cabeza. En cuestión de minutos me puse tenso y empezó a dolerme el hígado (no precisamente por los tragos). Definitivamente hay cosas que nunca cambiarán, entre ellas, el repertorio de rock de discoteca.
Una de las muchas razones por las que siempre, a toda costa, he evitado estar donde no quiero estar es esa: las canciones de rock quemadas. Esas que han mantenido al panameño estancado en un limbo musical a través de los años. Y es que habiendo tantas canciones buenísimas, es triste ver como nos hemos limitado a celebrar una selección de "exitazos" tan básica hasta el punto de volverla tradición. La verdad es que me resulta bizarro cuando veo a todos cerrar los ojos y pegar un grito de emoción cada vez que el DJ pone un tema y lo mezcla con otro más gastado aún. La verdad es que si de cultura rockera se trata, la pobreza y la mala distribución en Panamá es más evidente que su realidad socioeconómica.
Para el que me conoce no le es nada nuevo que la música sea una de mis prioridades para ser feliz. En eso me la he pasado por más de un cuarto de siglo: consumiendo, escuchando, analizando, componiendo, interpretando, intercambiando y aprendiendo música con cientos de personas que comparten -dentro de sus preferencias y experiencias- el amor por la más inspiradora de las artes. Quizás no tenga un currículum de piezas variadas como muchos grandes de la canción, pero de mi apreciación y de mi oído para olfatear exquisiteces o malos sabores, sí que me puedo jactar (aunque en esto "todo suene subjetivo", claro).
De igual forma, no hay que ser un erudito para querer crucificar a Miguel Mateos y dejar a los Enanitos Verdes detrás de la muralla que divide nuestros tímpanos de esa insoportable dosis a la que seguimos expuestos. No hay que ganarse un Grammy para decirle a Maná "me vale" tu cancioncita, para meterle un tiro a los Counting Crows, para dejar a los Héroes en silencio y que por fin, dejemos que el diablo se coma a los Caifanes. Definitivamente “I can’t get no satisfaction” cuando me siento “So lonely” al ver que sigue el lamento boliviano “when I come around” y quedo siendo El último de la fila. Cuando me invade ese Rush sofocante cada vez que oigo a Mr. Jones diciéndole a Shakira¨“I don´t wanna lose your love tonight”. Para mí no es música ligera, es un repertorio rutinario y aberrante que me provoca que la rubia en el avión se estrelle con la que era muda, con las otras 4 non blondes y los Blues Travelers. Ojalá no hayan Spin Doctors que los salven y que en su entierro repitan una y otra vez ese maldito CD de Música disque Alternativa que, como burla a los auténticos DJs de rock alrededor del mundo, trae un mix prefabricado de Weezer con Smashing Pumpkins y Cranberries, como los del jugo de mi vodka. Definitivamente del preset... nada nos libra...nada más queda.
De igual forma, no hay que ser un erudito para querer crucificar a Miguel Mateos y dejar a los Enanitos Verdes detrás de la muralla que divide nuestros tímpanos de esa insoportable dosis a la que seguimos expuestos. No hay que ganarse un Grammy para decirle a Maná "me vale" tu cancioncita, para meterle un tiro a los Counting Crows, para dejar a los Héroes en silencio y que por fin, dejemos que el diablo se coma a los Caifanes. Definitivamente “I can’t get no satisfaction” cuando me siento “So lonely” al ver que sigue el lamento boliviano “when I come around” y quedo siendo El último de la fila. Cuando me invade ese Rush sofocante cada vez que oigo a Mr. Jones diciéndole a Shakira¨“I don´t wanna lose your love tonight”. Para mí no es música ligera, es un repertorio rutinario y aberrante que me provoca que la rubia en el avión se estrelle con la que era muda, con las otras 4 non blondes y los Blues Travelers. Ojalá no hayan Spin Doctors que los salven y que en su entierro repitan una y otra vez ese maldito CD de Música disque Alternativa que, como burla a los auténticos DJs de rock alrededor del mundo, trae un mix prefabricado de Weezer con Smashing Pumpkins y Cranberries, como los del jugo de mi vodka. Definitivamente del preset... nada nos libra...nada más queda.
No sé si se me quedaron por fuera otros numeritos para la lista de complacencias pero sin duda con este Greatest Hits he realizado muy bien el trabajo de disc jockey local. Y por si acaso, claro que me gustan los clásicos... pero una cosa es eso y otra es que mi alma sea torturada por el mismo repertorio, una y otra vez, por toda la eternidad.
No faltará alguien que responda algo igual de trillado y predecible como: “La gente las sigue tripeando y por eso se han mantenido”, “Para los gustos los colores”. “Me traen buenos recuerdos”. “Cada loco con su tema”. Digan lo que quieran. Yo definitivamente prefiero quedarme en casa (o en cualquier sitio que me hagan sentir como tal) y desde allá, con mi cerveza al aire, decirle al resto de la escasa oferta de entretenimiento: No gracias...totales.
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