Entre los sucesos relevantes de este año, en junio formé parte de un conversatorio entre emprendedores
panameños que contribuyen a la Economía Naranja, aquella cuyas actividades
profesionales están basadas en la creatividad y en la cultura, aportando distintos
beneficios a nuestra sociedad más allá de un mero intercambio comercial. Siendo yo el más viejo de todos los
exponentes, el moderador del panel, un antiguo colega y reconocido empresario,
me pregunta justo antes de subir a tarima: “¿cómo después de toda una vida
trabajando en la publicidad te arriesgaste a dar ese salto?... No concibo cómo pudiste
hacerlo... a tu edad y con tantas cosas ya establecidas”.
No niego que bajo los parámetros tradicionales en Panamá, dejar
la zona de confort y tirarse al ruedo puede lucir como un suicidio, peor si no
cuentas con un colchón de capital suficientemente cómodo, pero para que mi
supervivencia a los 43 años no sea más un misterio, he decidido abrir mis libros
financieros y existenciales. A ver si sintetizamos juntos lo qué hice, por qué
lo hice y a dónde me ha llevado toda esta aventura.
Como preámbulo
debo admitir que mi relación con mi antiguo trabajo era de amor y odio. Sin querer sonar malagradecido, durante 20
años le vendí mi alma al diablo sirviéndole de creativo publicitario, dominando
el jueguito de las ideas comerciales pero sin terminar de encajar y lucirme como
dios manda en ese mundillo. Más allá de los gajes del oficio habituales, el hecho
de vender cualquier cosa a punta de atributos inventados y de tener que rendirle
cuentas a alguien, me privaban de esa libertad genuina que toda persona inconformista
podría anhelar. Con la dosis precisa de indiferencia y cinismo aguanté lo que
pude en la carrera que escogí por ser la más conveniente, en el Panamá de aquel
entonces, para cualquiera con inclinación artística y curiosidad hacia las
tendencias culturales. Lo digo sin asco:
aparte de las valiosas amistades y contactos que te van acompañando en este
purgatorio, sin duda lo que hacía más llevadera mi labor era mi salario y los
privilegios que se le pueden exprimir a una industria tan glamurosa. Lo cierto
es que con el éxito de cada campaña tenía una nueva justificación para seguir pagando
mis deudas, gustos y excesos a punta de ejercicios creativos, anuncios engañosos
y argumentos complacientes, burlándome de mi mismo y de todo el delirio en el
que se cae cuando te absorbe este ambiente tan corporativamente liberal, a
veces divertido, a veces insoportable.
Una de tantas
veces imaginándome haciendo algo más gratificante, mi vida dio un giro extraordinario.
Unos amigos decidieron incursionar en el fascinante mundo de la cerveza
artesanal y me invitaron a colaborar en sus planes a futuro. Al igual que otros licores nobles y de alta calidad,
este movimiento de hace ya varias décadas alcanzaba su era dorada, en parte
gracias a toda una generación de consumidores que prefieren los productos mejor
elaborados, independientes, honestos e innovadores por encima de cualquier
chatarra masiva que pinte bien en la televisión, todo eso que por tantos años me tocó
maquillar y promover. Viendo la invasión
cervecera que se nos avecinaba y con la ventaja de ser aliado del grupo pionero
en este nicho, también se me presentaba una oportunidad grandiosa e irrepetible
de salir huyendo de mi rutina laboral.
La cerveza y la
música han sido mis pasiones desde pequeño y todo indicaba que con esta
redefinición cultural y de consumo que se venía estableciendo de forma definitiva
en todo el mundo, había llegado el momento de sumergirme hasta el fondo del
asunto, no como otro bebedor más sino como todo un representante del tema. Lo
que no sabía cuando empecé a cavar mi túnel de escape era lo lejos que este me
llevaría.
Gracias a las mañas aprendidas durante tantos años, pude formar junto a dos brillantes amigos un grupo promotor de cultura cervecera que cubriría de forma amigable y a la vez transgresora todos los aspectos relacionados a esta revolución. El pregón panameño “Buenas Pintas” fue registrado legalmente como marca y bajo este sello ayudaríamos a difundir de distintas maneras lo novedoso de esta otra industria y a contagiar a su creciente comunidad de entusiastas.
Gracias a las mañas aprendidas durante tantos años, pude formar junto a dos brillantes amigos un grupo promotor de cultura cervecera que cubriría de forma amigable y a la vez transgresora todos los aspectos relacionados a esta revolución. El pregón panameño “Buenas Pintas” fue registrado legalmente como marca y bajo este sello ayudaríamos a difundir de distintas maneras lo novedoso de esta otra industria y a contagiar a su creciente comunidad de entusiastas.
Apoyándonos
de las redes sociales y de una producción audiovisual guerrillera, iniciamos esta
aventura, en ocasiones intuitiva, en ocasiones bien planificada, de la mano de profesionales
y aficionados de todas partes, algunos con larguísima trayectoria e historias
realmente admirables. Con este video blog poco a poco se nos fue acercando todo
el que quisiera anunciarse en nuestra plataforma digital, realizar algún evento
que incluyera cervezas artesanales o aliarse estratégicamente con nosotros buscando
algún objetivo puntual. Así, entre vivencias memorables e incontables cervezas,
fuimos enriqueciendo nuestro proyecto y lo que para muchos podrá sonar a hobby,
se fue volviendo una fuente de incalculables satisfacciones. Gracias al apoyo
de un amigo sommelier que me contrató unos meses en su compañía distribuidora, de
un par de proyectos importantes que desarrollé como redactor y del pago de mis
prestaciones laborales correspondientes por tantos años de fungir como
mercenario, pude renunciar a mi antiguo oficio sin lío alguno y para siempre.
Una serie de
eventos importantes, algunos mejores que otros, coincidieron con este proceso.
La primera es que tenía todas mis deudas casi saldadas. No necesitaba un carro nuevo, no necesitaba
mudarme del modesto apartamento en el que vivo desde que dejé el nido de mis
padres. Lo que quise lo adquirí con mis ahorros y la suerte de encontrar buenas
oportunidades y contactos. Pude reducir gastos fijos sin problema, algunos
nunca habían sido necesidad, y al haber evitado caer en el vicio de la ostentación,
más allá de mis extravagancias particulares, fue muy bajo el precio a pagar por
querer ser el dueño absoluto de mi tiempo con las responsabilidades que esto
conlleva.
Lo otro es
que luego de varios años juntos, mi esposa y yo decidimos divorciarnos. Al no
haber tenido hijos, no tenía mayores obligaciones con nadie. Bajo el inevitable sentir de la pérdida, dependía
de mi despejar el panorama y empezar de nuevo. Dicen que de amor nadie se
muere, mantenerse ocupado en algo productivo es la mejor forma de evitarlo. Y
si uno muriera por esos dolores, más razón deberíamos tener para aprovechar la
vida y dedicarnos a hacer lo que realmente nos interesa. Dadas las circunstancias, mi negocio se volvió
mi único bebé, lleva mi huella bien impresa y como buen acudiente, doy la cara
por él mientras lo veo crecer.
En lo más sereno de mi soledad me devoré cuanto libro de cervezas tuve a mi alcance, con la motivación que jamás me provocó ninguna universidad en la que me haya matriculado. Gracias a este plan riguroso de estudio me terminé convirtiendo en el primer “Certified Cicerone” de Panamá, en juez internacional de copas cerveceras y en especialista bajo una prestigiosa universidad de España. Como cualquier carrera, en esto tampoco se deja de estudiar jamás y siempre da gusto hacerlo.
Siguiendo esta secuencia de accidentes, de ser hace cinco años el primer video blog cervecero de Panamá y de ahorrar el capital de innumerables actividades que bien pudimos haber hecho gratis, hoy estamos próximos a abrir nuestro segundo local. En el camino le dimos la vuelta al mundo invitados a festivales y cervecerías, fuimos calificados internacionalmente como fuente confiable en nuestra industria y en colaboración con aquellos amigos que me involucraron en esta odisea -ahora cerveceros de prestigio mundial-, empecé a elaborar cervezas especiales bajo mi propia marca a gran escala. Junto a nosotros, fabricantes, distribuidores y colegas en general fuimos creciendo y organizándonos para consolidarnos como una asociación industrial formalmente constituida y entre todos seguimos generando nuevas oportunidades para nuestro sector, algunas más rentables que otras pero todas muy enriquecedoras.
¿Qué criterios
podría decir que me han funcionado para avanzar sin tanto miedo y sobrevivir en
todo este trayecto? Con tanto por resolver me siento lejos de ser un gurú en estos
temas y tampoco creo que estos proyectos hayan alcanzado aún la trascendencia
de innumerables casos. De cualquier modo puedo resumir las cosas que me han
funcionado durante todo este tiempo.
Dime con quien andas y te diré quien puedes
llegar a ser: Lo primero
es haberme rodeado de gente que me ayudó a mejorar en el plano personal y profesional.
Amistades y colegas que me inspiraron a corregirme y a superarme y que forman
parte del collage de logros que pude haber obtenido. Tal como decía el escritor
Chuck Palahniuk: “Nada en mi es original, soy el esfuerzo combinado de cada persona
que he conocido”. Como es de esperarse
también se cruzó en mi camino gente tóxica y venenosa pero hasta sus malas
intenciones resultaron una buena lección para saber que cosas tirar a la basura
y seguir con mayor determinación. Igual que más da. Los odiosos te verán
caminando sobre el agua y dirán que es porque no sabes nadar.
Perder es ganar: Terminé de entender que en la vida todo es un
trueque. Para conseguir cada cosa que queramos, tendremos que perder algo. Cada
quien decide que cosas intercambiar y afrontar sus respectivas consecuencias. Y
si la vida es quien te lo arrebata, mientras tengas salud, ella misma te está
dando el chance de llenar dichos espacios con nuevos estímulos.
El que no las hace, las ve hacer: A veces por vivir esperando alguna señal mágica que nos indique cuando empezar, nos privamos de tomar acción. Si bien las cosas suceden cuando deben suceder, si no ponemos en práctica nuestras ideas terminarán en el olvido u otro las terminará ejecutando. Uno puede estar en el momento y lugar preciso más de lo que se imagina. Prepárate bien para afrontarlo.
Cuídate del vicio de las deudas: Sabemos que el crédito nos facilita las cosas pero también endeudarse es la principal razón para mantenernos esclavizados a nuestro empleo. Si nuestro sueño es ser nuestro propio jefe y no tenemos quien nos de un empujón para lograrlo, difícilmente podremos flotar si nos ahogamos en compromisos. Dicho esto, si vas a pedir prestado, ojalá sea para algo productivo y no para andar presumiendo cosas que le pertenecen al banco.
La competencia es contigo mismo: Si bien al principio hablé de gente digna de imitar que me volvió más
competitivo, también resulta sano y efectivo enfocarnos en nuestra propia
evolución y no en la de nadie más. Un amigo muy exitoso a su manera me lo aconsejó:
“vive tu vida y no la de otro”. No importa si Fulano hizo una gran fortuna a
sus 20 años viniendo de abajo, si Mengano empezó su imperio a los 60, o si los
estándares y prioridades de Sutano son estos o aquellos. Lo único relevante es
el norte que uno se trace y lo que nos toque hacer para alcanzarlo. No todos venimos
al mundo con las mismas ventajas ni todos cargamos las mismas cruces. Adáptate a tu realidad y construye a partir de
ello. Quizás así lograrás apreciar mejor los golpes de suerte que te van
llegando. Sea cual sea tu escenario,
nunca dejes de agradecerlos.
Lo único seguro es la muerte: Para finalizar, recordemos que la vida es impredecible y con cada segundo
que pasa se nos va terminando. En consecuencia y por cliché que suene, a veces ganas,
a veces aprendes, no hay nada más que perder. Evita dedicarle tiempo y espacio
en tu red a aquello que no te engrandezca material o espiritualmente y concéntrate
en lo que te haga feliz, más aún si te permite mejorar la realidad de los demás.
Valora siempre poder intentarlo y cuando
alguien no te crea capaz de hacerlo, empezando por ese necio del espejo con el
que discutes a diario, piensa que eso que tanto deseas, más que una ilusión es
algo que te mereces.
Vendrán caminos difíciles en los que podremos tropezar pero a veces nuestras propias dudas resultan el mayor obstáculo. Lo cierto es que la mayor derrota es no jugártela nunca, sobre todo en esta era que hasta del fracaso se puede inventar algo instructivo y provechoso. De ahora en adelante, créetelo, en lo que quieras volverte bueno…“you can do it”. En nuestro caso, “brew it”.
Vendrán caminos difíciles en los que podremos tropezar pero a veces nuestras propias dudas resultan el mayor obstáculo. Lo cierto es que la mayor derrota es no jugártela nunca, sobre todo en esta era que hasta del fracaso se puede inventar algo instructivo y provechoso. De ahora en adelante, créetelo, en lo que quieras volverte bueno…“you can do it”. En nuestro caso, “brew it”.