domingo, 14 de agosto de 2011

ME DIO MIEDO


Hace poco fui de masoquista al cine. Vi la cinta de una muchacha a la que se le metió el diablo; su exorcismo y muerte. Un blockbuster de la vida real.
Al llegar a casa la tensión que me invadía no era normal. Hasta el silencio me ponía paranoico. Sabía que el efecto Hollywoodense me atacaría luego de ver otra película más en donde te pintan a Dios vulnerable y al espíritu chocarrero tan omnipotente que para vencerlo hay que filmar segunda parte.
El susto de aquella noche me produjo suficiente curiosidad como para buscarle un posible origen al miedo en nuestra cultura; el terror a lo sobrenatural, a lo esotérico e inexplicable; a todo aquello que a través de los siglos nos han inculcado como satánico y que evidentemente “sin querer queriendo”, hemos posicionado por encima de nuestras figuras celestiales.
Me puse a leer un poco de Historia para compartir conclusiones.
En el tiempo de la cristianización de Europa se realizó un proceso habitual: los dioses de las antiguas religiones pasaron a ser los demonios de la nueva y es muy posible que los sacerdotes identificaran al Satanás de La Biblia con uno de tantos dioses del Paganismo de la época.
Al ir convirtiéndose el Cristianismo en la religión mayoritaria entre las clases altas y con el advenimiento del perverso sistema feudal durante la Edad Media, una religión como la pagana, con su constante celebración de la vida y su hincapié en la responsabilidad del individuo sobre su propias acciones, no sería nada conveniente para el Clero que, por derecho divino, dominaba la tierra, el dinero y la vida de las personas.
Es por eso que para fortalecer a La Iglesia y manipular mejor a la gente a punta de frulo, en 1484 el Papa Inocencio VIII promulgó la famosa Bula Summis Desiderantes Affectibus donde se autorizaba la persecución y el aniquilamiento de toda persona considerada diabólica. Para respaldar este absurdo papal, los inquisidores Heinrich Kramer y Jacob Sprenger escribieron el Malleus Maleficarum, una especie de código penal donde se detallaban los procedimientos a utilizar contra los herejes. Y es que este negocio de infundir el pánico y limpiarnos del mal también daba buena plata. Para muestra, Matthew Hopkins quien identificaba brujas de a dedo. A dólar la muerte, se podía meter 2,000 palos al mes (sin duda un billetón para esa época).
Luego el ortodoxo español Torquemada continuó con esta santísima labor y entre cruzadas, hoguera, guillotina y tortura pública, mató a muchas que bien podrían ser amigas nuestras hoy en día.
Estas leyes, junto con otras enfermedades, llegaron a América y lo que terminó con los paganos, druidas, moros, templarios, artistas y científicos, siguió con la matanza, abuso y segregación de nuestro aborígenes politeístas. No creo que Dios les hubiera autorizado tales desastres, como muchísimos otros que se dieron hasta hace poco y se siguen dando con métodos más civilizados, pero supongo que así se pensaba en aquella época.
Definitivamente recordar nuestra larga herencia religiosa y la forma en que era sometida la gente sí que es de espanto. Y es irónico ver que los mismos curas acusadores fueron quienes firmaron el pacto con el diablo, para que nos llenara de temor y ellos llenaran sus bolsillos con nuestros rezos por la salvación.

Ahora, ¿Qué hubiera sucedido si en lugar de los piratas Cristianos nos hubieran colonizado los Nórdicos?. Dicen que los Vikingos llegaron a América antes que los españoles y portugueses. ¿Qué hubiera sucedido si las cabezas hubieran rodado por otras espadas?

Como detalles básicos me imagino que el Hospital Santo Tomás, se llamaría Clínica Thor; la Universidad Santa María la Antigua sería la Universidad Freya la Hermosa; cambiaría el barrio de Los Ángeles a Los Gigantes; las Damas Guadalupanas serían las Señoras Valkirias; Cielito Lindo fuera Valhala Lindo y con dioses tan poderosos, nadie osaría en filmar una película que deje a Odín como un impotente.

Me criaron cristiano y a diferencia de los Vikingos, morir no me es un privilegio. Así que si con este idealismo que me ha invadido en estas horas de insomnio cometo pecado, que Dios me perdone a mí y a quienes se arrepientan de intimidar a los demás.
Pero que me perdone el Dios que me acompaña a atravesar la vida. Que es el mismo amiguito imaginario que me protege contra los verdaderos demonios de la historia.
Amén.


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