“Thrash”
significa azotar, dar una paliza, mientras que “Trash” sin hache, significa
basura. Por si las moscas… que estas moscas vuelen sobre la basura y no sean
azotadas por el matamoscas de la ortografía y la metáfora musical.
Los
que vimos nacer el Thrash Metal, crecimos en sus años de gloria, lo vimos
desvanecerse con el auge del Grunge noventero y resucitar más fuerte que nunca
en esta era de la anarquía cibernética, sabemos que el sonido clásico del
Thrash podría definirse como una mezcla entre la agresividad del Hardcore Punk
y la destreza instrumental del Heavy Metal. Con los años, este
estilo tan pesado y agitador se convirtió en gran influencia para la música
underground mundial, dando paso a la creación de nuevos sub-géneros y alcanzando
los más altos estándares de calidad de producción, tanto de grabaciones en
estudio como de presentaciones en vivo.
Aparte
de eso, a todo Thrasher le es clara la temática que estos
músicos solían y suelen abordar a nivel de lírica: guerras, religión,
tiranía económica, corrupción política, manipulación de las masas, racismo,
genocidios, conspiraciones, "el nuevo orden mundial", etc. Todas
esas teorías y posturas distópicas que cuestionan las normas sociales, que
desnudan la doble moral y perversión humana a través del tiempo y en ciertos
casos, que desmitifican la grandeza del sueño americano, eran
plasmadas por estas agrupaciones, con una musicalidad tan precisa como
violenta.
Claro
que, como cualquier forma de arte, en los discos de Thrash también se tocaban temas
muy variados, basados en fuentes igual de diversas: Películas y libros de
culto, biografías, ocultismo, muerte y terror, fantasía, filosofía, mitología,
aliens, zombies, superhéroes, sucesos históricos y asuntos personales del
artista en general.
Obviamente
en aquellos años (sin acceso inmediato a Internet ni a tantas otras cosas) no a
todo quinceañero le parecía cool echar a un lado la farándula social y pasarse
el día entero junto a sus amigos escuchando, apreciando y decifrando las
curiosidades que intentaban comunicar aquellos grupos, pero a mi juicio
cualquiera que se detuviera a estudiar su contenido lírico podría considerar a
sus integrantes rockeros muy ilustrados y con mucha conciencia social. Lo
último lo digo porque aparte de los temas antes mencionados, también solían
hablar -y bastante- sobre uno de los temas favoritos en nuestra cultura
popular: La moda verde. La protección al medio ambiente y al ecosistema
(cosa que también se ha vuelto el gancho de marketing más sopeteado para vender
cualquier cosa).
Sabemos
que la movida ambientalista-artística viene de décadas anteriores a la que aquí
describo pero fue esta generación de metaleros inconformistas la que a mi me
enseñó, entre otras muchas lecciones, lo que ocurre cuando le pellizcas la
nalga a la Madre Naturaleza. Entre los ejemplos más sobresalientes, la
banda alemana Kreator nos narraba de forma descriptiva los inevitables
desastres del calentamiento global en su canción “When the sun burns red”
(1990). Testament, de San Francisco, nos hablaba del efecto invernadero en
“Greenhouse Effect” (1989). Nuclear Assault, de Nueva York, desde 1986
satirizaba las amenazas de la energía nuclear con títulos como “Game Over”,
“Survive” y “Handle with Care” (el último refiriéndose al planeta).
Slayer lo cantó en “Chemical Warfare” (1984), Sodom en “Nuclear Winter”
(1987), Exodus en “Fabolous Disaster”(1989). Así mismo Megadeth, Anthrax,
Overkill…y por supuesto, los padres del Thrash, Metallica, nos dieron un fuerte
garnatón con su trágica obra “Blackened” (1988).
Lo
que estos grupos musicales, algunos aún vigentes, nos han venido advirtiendo
desde hace casi tres décadas a punta de gritos, guitarras punzocortantes,
ritmos biomecánicos, bajos demoledores y “headbanging”, muchos lo visualizábamos
como eventos de ciencia ficción que ocurrirían en un futuro muy lejano. Lo
cierto es que aquel futuro resulta ser hoy y ya sea por ciclo natural o por
intervención humana, la Tierra se está rascando fuertemente de esta alergia
cancerígena llamada Homo Sapiens.
Las
grandes catástrofes son cada vez más constantes (al menos así nos indican las
telecomunicaciones), los medios no dejan de alarmarnos con programas dedicados
a un fin del mundo cercano, los días son cada vez más cortos, el sol cada vez
más ardiente, los cambios climáticos cada vez más drásticos, las potencias y
multinacionales no parecieran alinearse en sus cumbres para resolver nada
y no veo ninguna invasión extraterrestre con ánimos de salvarnos. Después de
160,000 años, aparentemente ahora sí estamos jodidos. Finalmente llegó la solución definitiva a todos nuestros males: el exterminio total de
nuestra especie.
Toda
esta crónica apocalíptica me hace pensar que a través de la Historia ha habido
cataclismos de todo tipo, sin industrias contaminantes, sin negocios
depredadores y sin instituciones religiosas. Sabiendo esto, me pregunto
¿a quién se le culpaba y a quién se le rezaba? Sabrá dios cuál era el zeitgeist del momento. Yo
sólo sé que en vez de seguir interpretando analogías en libros sagrados, notas
de Nostradamus, discursos trillados de nuevos profetas, jeroglíficos o cualquier calendario ancestral más avanzado que
nuestros cálculos modernos, mejor repaso aquellas estrofas y coros de mis
grupos favoritos para ver en cuántas cosas fallamos. Si volemos al polvo,
espero quedar en la misma pila de abono de gente agradable y así empezar
contento un nuevo ciclo evolutivo, a ver si esta vez aprendemos a convivir
mejor. De cualquier manera, mientras la Tierra nos sigue azotando, fomentando
gradualmente un último mosh, masivo y de escala global... ¡qué viva el
fuckin' Thrash!

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