jueves, 28 de noviembre de 2013

INADAPTADOS SOCIALES BASTANTE SOCIABLES.


Aunque pasé buenos momentos en el colegio, muchas veces me sentía fuera de lugar. Tenía buenos amigos en distintos círculos, algunos muy contrastantes entre si,  pero el hecho de que a mi me gustara el rock pesado y que viviera manifestándolo era algo que no a muchos agradaba. Sólo aquellos que compartían gran  amor por la música fuerte se juntaban con uno sin lío alguno y aunque en nuestro trip había todo tipo de personajes, realmente no éramos gente mala. Simplemente por la razón psicológica que sea, nos atraían los temas oscuros, bizarros e  impactantes en la música y en las artes en general. Éramos una especie de pequeños librepensadores que vivía investigando y cuestionándolo todo, siempre canalizando nuestra tendencia a la transgresión a través de la música y en la mayoría de casos, sin meternos con nadie que pensara distinto. Viéndolo así, menos mal teníamos una forma "violentamente sana" de drenar nuestra energía sino sabrá dios en qué hubiéramos terminado. En asesinos en serie quizás...

Tampoco eramos unos santos, obviamente, hacíamos las cagadas y cagadotas propias de cualquier adolescente pero al andar siempre vestidos de negro en un país tropical, proyectando rebeldía e inconformismo hacia la cultura imperante, la gente nos tildaba de delincuentes, drogadictos y por supuesto, satánicos. Pocas chicas de la farándula social se atrevían invitarnos a sus fiestas y era normal que algún bully nos quisiera golpear sin mayor razón. 
La verdad es que aborrecía el lugar en el que estaba creciendo: una ciudad de nuevos ricos, con el conservadurismo hostil gringo y el miedo supersticioso de aldea criolla. Cada vez que veía en otras sociedades, más grandes y maduras que la nuestra, que nadie se alarmaba por las cosas por las que aquí nos señalaban, maldecía todo. Me frustraba la desventaja de ser menos que una minoría, mientras en el lejano primer mundo sobraba gente para compartir cualquier afición y estilo de vida. Anhelaba la libertad que gozaban los zonians de ir al colegio en ropa particular y pelo largo, bajo una mentalidad más abierta, sin dramas ni escándalos hacia lo “raro”. Por ese choque entre mi forma de ser y la forma en que el colegio (y su farándula) te obligaba a ser, fui expulsado a un reformatorio en Costa Rica donde irónicamente me sentí más a gusto y en el que me gradué con honores. Sin exagerar, cada  carencia que me mostró mi Panamá hasta los 15 años, de algún modo allá se me multiplicó de forma espontánea. Es increible lo que puede hacer un ambiente académico multicultural en la vida de un rockerito nerd.  Veinte años pasaron desde entonces y con ellos mil vivencias en las que vimos crecer a Panamá en muchos aspectos. Ahora somos nosotros los padres de familia que intentamos criar a nuestros hijos con nuevos valores, sin aquellos tabúes ridículos con los que nos censuraban en nuestra pubertad. Pero aunque ciertos prejuicios se siguen dando y aún no seamos un país tan tolerante hacia ciertas expresiones, la verdad es que mi vida escolar pudo ser peor cuando pienso en el caso de The West Memphis 3.

A inicio de los 90s, en un pantano de Arkansas fueron encontrados los cadáveres de tres niños de ocho años. Sus cuerpecitos yacían golpeados y lacerados brutalmente con los pies y las manos hatadas. A pocos días del espantoso hallazgo, la policía y los diarios locales anunciaban la captura de los responsables: Tres adolescentes. ¿Las pruebas? Sin evidencia física, armas, motivo o conexión entre las víctimas y los acusados, la corte concluyó que sus vestimentas negras, discos de heavy metal y libros de Stephen King eran muestra suficiente de que habían perpetrado este horrendo crimen ¡como sacrificio en un rito satánico!.  Con una población redneck, tan religiosa como ignorante, enardecida y sedienta de venganza,  se dictó sentencia: Damien Echols fue condenado a pena de muerte. Jason Baldwin y Jessee Miskelly recibieron múltiples cadenas perpetuas.

Periodistas investigativos de HBO se disponían a documentar esta historia de asesinatos diabólicos pero al indagar en los hechos, lo único que encontraron fue un caso de manipulación e injusticia por parte de las autoridades. El documental es lanzado al aire y llama la atención de miles de personas, incluyendo celebridades de la música y el cine quienes indignados unen esfuerzos para liberar a los tres rockeros.  La lista incluye a Johnny Depp, Eddie Vedder, Peter Jackson e inclusive a los padres de las víctimas quienes con el tiempo y gracias a la información recopilada, lograron ver la situación con mayor claridad.
Los jueces jamás dieron su brazo a torcer en esta agotadora batalla legal pero iniciando la década del 2000, con la nueva tecnología forense del ADN y las leyes penales que la acompañan, reconocidos expertos en criminología logran comprobar que no hay nada que vincule a ninguno de los tres al homicidio. Es ahora el padrastro de una de las víctimas -quien nunca fue interrogado ni amedrentado al momento de los hechos- el que ahora resulta más que sospechoso por tener además un historial repleto de violencia doméstica.


Amparados por sus derechos de apelación y restructurando el caso con las nuevas evidencias en un juicio aprobado por La Corte Suprema de Arkansas, el 19 de agosto de 2011 los Tres de Memphis son finalmente puestos en libertad pero con la condición de declararse culpables. Este recurso legal les permitiría salir de inmediato y no esperar los años que tomara la nueva resolución del caso pero les coartaría cualquier posibilidad de demandar al sistema penal por haberlos encerrado durante casi 20 años, la mitad de sus vidas, en las más brutales e inhumanas prisiones.  Hoy se mantienen buscando al verdadero culpable y dando su testimonio en libros y reportajes televisivos en los que relatan esta historia con mayor detalle. 

Tengo entendido que inclusive pronto estrenarán la película. Yo de corazón espero que sea tan impactante como la historia real y que sea vista por muchos para recordar que las cacerías de brujas y las ejecuciones públicas pasaron hace rato. Mientras sigamos en estos tiempos supuestamente modernos, repitiendo sagradas inquisiciones sin fundamento, seguirán existiendo inadaptados sociales, bastante sociables, como solíamos ser en la escuela.


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